jueves, 24 de enero de 2013

La meditación en la enfermedad

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Nuestra mente influye en la salud. 
En toda enfermedad intervienen factores biológicos, psicológicos y sociales. Es decir, además de la presencia de patógenos (virus, bacterias y demás) o predisposiciones genéticas, también influyen el modo en que gestionamos las tensiones cotidianas, la forma de relacionarnos con los demás, nuestro tipo de personalidad y el modo en que tratamos nuestro cuerpo diariamente (comida, ejercicio, sueño, etc.). 
Considerando esto, puede entenderse que nuestros pensamientos y emociones juegan un papel relevante en la salud y enfermedad. Si sabemos manejar la mente podremos afrontar de otro modo el estrés, las relaciones, las reacciones emocionales y dominar nuestras conductas nocivas.
Meditar es un modo excelente de conocer y adiestrar nuestra mente. Básicamente tiene que ver con la atención y la capacidad de dominar las reacciones a lo que percibimos. Una de las cosas que nos alteran es nuestra falta de control sobre nuestras respuestas emocionales. Detrás de muchas emociones destructivas se encuentran comportamientos nocivos para la salud, como la mala alimentación, la falta de ejercicio físico, el abuso de sustancias, el insomnio, la falta de descanso, etc. Meditar nos va a ayudar a responder a las situaciones de tensión de modo que tengamos menos  estrés y más equilibrio emocional.  
Al hablar así, a muchas personas que no hacen meditación les parece que estemos alentando una vida sin emociones, pero no es así. En la práctica ejercemos una atención selectiva en la que somos capaces de reducir las emociones nocivas y potenciar las positivas. De hecho, es bien sabido que las emociones positivas ejercen un efecto benéfico y protector en la salud, y la meditación tiene métodos concretos y efectivos para aumentar reacciones positivas como el amor, la gratitud o la compasión. 

Atención contra el estrés
Uno de los elementos perjudiciales para la salud es lo que llamamos estrés. Cuando estamos muy tensos y agotados nos hacemos más vulnerables a los virus y bacterias del ambiente, y se activan nuestras predisposiciones genéticas. Por tanto, enfermamos más. El estrés se produce cuando experimentamos situaciones de mucha tensión y cuando no sabemos manejar las simples tensiones cotidianas que se van acumulando. 
Sentarnos diariamente con nosotros mismos de una manera consciente, tiene varios efectos. Por un lado, sirve para que se descarguen todas las situaciones conflictivas que hemos vivido y el organismo ha acumulado. Además, permite que cualquier estado mental negativo se debilite y se apague. Cuando somos capaces de vivir la experiencia con imparcialidad y equilibrio desarrollamos contentamiento y paciencia, y de este modo somos más capaces de dejar ir cualquier experiencia tóxica y dañina.
Por otra parte, la práctica diaria nos va a ayudar a desarrollar una mayor atención a las situaciones con que nos encontramos. Uno de los factores que contribuyen a la respuesta de estrés es el modo en que interpretamos y valoramos las cosas que nos suceden. La meditación nos aporta una mayor lucidez en la vida, con lo cual tendremos una perspectiva más realista de las cosas, y será más difícil que se eleven los niveles de estrés.
En resumen, la atención consciente que desarrolla la meditación nos ayuda a vivir las experiencias con imparcialidad, contentamiento, aceptación, paciencia y confianza. De este modo afrontamos las tensiones cotidianas de un modo más saludable y menos reactivo.

Emociones positivas
Las emociones juegan un papel muy importante en la salud. En concreto, las emociones positivas ayudan a reducir los síntomas y la duración de las enfermedades, sirven de agentes protectores y contribuyen a mejorar las conductas saludables como mantener una dieta, abandonar el abuso de sustancias y dormir mejor.
Cuando somos positivos tenemos mejores relaciones, recibimos más aprecio de los demás, y resolvemos antes los conflictos. Por otra parte, tenemos más creatividad y aptitudes para resolver situaciones difíciles, encontramos más salidas a nuestros problemas y somos más capaces de tomar decisiones.
Meditar nos ayuda a habituarnos a responder positivamente a las situaciones. Mediante una práctica constante aprendemos a mirar las cosas desde otra perspectiva y a considerar aspectos que no teníamos en cuenta. Sentir gratitud, amor o armonía depende de saber ver de un modo más completo a los demás y de apreciar cosas que solemos ignorar. Todos estamos condicionados por nuestra familia y nuestra cultura. Estos condicionamientos determinan nuestras reacciones. Meditar nos ayuda a superar los condicionamientos y a responder de un modo más positivo.
Cuando nos hacemos conscientes de que todos tenemos necesidades, miedos, expectativas y deseos, nos sentimos más cerca de los demás, tenemos más capacidad de perdonar, somos más conciliadores y mantenemos con más facilidad la calma en nuestras relaciones. Mientras que la hostilidad, el aislamiento, la idea de que todo el mundo es egoísta y la desconfianza, son ingredientes tóxicos para el organismo y  contribuyen a la enfermedad; el amor, la compasión, el optimismo, las relaciones positivas, la gratitud y el sentido del humor nos ayudan a superar las dolencias e incluso nos sirven de protección. 

Autoimagen Negativa
Uno de los aspectos más nocivos para la salud es tener una imagen negativa de nosotros mismos. Aunque pueda resultar sorprendente, muchas veces pensamos que merecemos la enfermedad, que no seremos capaces de superarla, que nuestra naturaleza es defectuosa, que somos malos e inadecuados, etc. Todas estas opiniones son falsas y sumamente nocivas para la salud. Aunque nos parezca real, ninguna imagen que tengamos se corresponde con la realidad de lo que somos de verdad.
Cuando la imagen de nosotros mismos es muy negativa se convierte en un importante obstáculo para vencer cualquier malestar y enfermedad. Al pensar que somos así, anulamos toda posibilidad de acceder a nuestro potencial de sanación y nos mantenemos en una espiral de miedo, impotencia y desánimo que nos conduce a agudizar los síntomas y a complicar la enfermedad.
La práctica de la meditación también tiene un papel fundamental en este asunto. Por medio de la observación y desarrollando una mayor lucidez podemos llegar a identificar la autoimagen. Este es el primer paso, reconocer lo que pensamos de nosotros mismos. Luego, usando la atención necesitamos descubrir que esta imagen sólo es una idea equivocada. La imagen negativa es algo que se ha formado en la vida debido a una serie de creencias falsas y experiencias malinterpretadas. En consecuencia, cuando nos damos cuenta de que está lejos de ser lo que de verdad somos podemos prescindir de ella, y abrir la puerta al proceso de curación.

Conclusión
Lo más importante que podemos extraer de todo esto es que podemos hacer algo. Aunque una enfermedad seria nos activa la experiencia de que las cosas ocurren inesperadamente y tenemos muy poco control sobre la vida, podemos influir en lo que la vida nos trae. No podemos impedir y evitar que sucedan las cosas, pero tenemos la elección de responder ante ellas con más sabiduría. Si sabemos responder, los sucesos de la vida dejan de ser tan negativos y se convierten en oportunidades para desarrollar nuestro potencial innato y darle a la vida su sentido más profundo.