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martes, 15 de diciembre de 2015

Conocer lo Primordial

Esta Naturaleza Primordial es la esencia de todo lo que existe, es lo que somos y lo que son todos los objetos con los que nos relacionamos. Es aquello de lo que todo está formado. No puede expresarse ni definirse. Cualquier concepto acerca de ella solo lleva a la confusión y nos conduce a distraernos de ella. No debería hablarse de ella pero evitar hacerlo es emplazarla en lo inexistente. De modo que no tenemos más remedio que expresarla a sabiendas de lo inoportuno de mencionarla.

jueves, 6 de agosto de 2015

Vislumbres

Sin elección, se producen estados emocionales, pensamientos, imágenes, sentimientos. Parece que hablan de algo real, de algo que está sucediendo. Siempre hemos creído que así era. Cuando sentimos algo entonces creemos que es verdad y se refiere a algo real.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Indagación

Parece haber dos razones principales por las que las personas nos acercamos al camino espiritual. Una de ellas, son los momentos de apertura y lucidez. La otra, la más común, son las experiencias de sufrimiento. Para algunas personas la espiritualidad es algo muy normal y cotidiano, mientras que para otros...

jueves, 30 de octubre de 2014

Meditacion: Relevancia de la Conciencia

Uno de los métodos del proceso de desvelar la Naturaleza Primordial, es reconocer la conciencia inmediata de las experiencias. En esta observación descubrimos que la lucidez natural con la que vivimos es lo más relevante de cada momento.

Video meditación:



miércoles, 24 de septiembre de 2014

Meditación: Experiencia y Conciencia

Lo que nos impide reconocer lo que verdaderamente somos, la Naturaleza Primordial, es estar excesivamente inmersos en las experiencias cotidianas. Reconocer la conciencia que percibe lo que sucede es uno de los métodos más extraordinarios para soltar la identificación con el cuerpo y la mente y acceder a nuestro ser esencial.
VIDEO MEDITACION:


miércoles, 3 de septiembre de 2014

El destino de aprender

(Madurar, 2ª parte)

En general, tenemos bastantes dificultades en abandonar la reacción victimista, seguimos echando la culpa al mundo, a los demás o incluso a nosotros mismos por todo lo malo que nos sucede. Cuando surge alguna dificultad, lo más frecuente es quejarnos y rechazarla. Es una reacción aprendida y compartida con amigos, familia, conocidos y la sociedad en general. Cambiar esto no es fácil...

martes, 4 de marzo de 2014

MAS ALLÁ DE LO QUE PENSAMOS

La realidad es abierta, inefable, luminosa y serena. Esto es lo que somos y lo que expresan todas las cosas y fenómenos del mundo en que vivimos. Nuestra naturaleza última está más allá de cualquier desdicha o temor y todos los seres participamos de esta esencia inconcebible y atemporal. 
El trabajo interior, el llamado camino espiritual, es el proceso de despertar la lucidez que desvela esta verdad última de la existencia. Meditamos, hacemos ejercicios de indagación, buscamos el silencio, repetimos mantras y oraciones, etc., con el propósito de alcanzar sabiduría.  
Uno de los principales problemas a sortear es...

lunes, 3 de febrero de 2014

Introducción a la Naturaleza Primordial


Todas las prácticas espirituales son para llegar a la sabiduría de reconocer lo que verdaderamente somos, la naturaleza primordial de la existencia.
Ahora bien, cuando buscamos esta sabiduría, el enfoque es muy diferente de lo que estamos habituados. La sabiduría se despierta cuando aprendemos a parar, cuando dejamos de buscar experiencias espirituales y cuando dejamos de usar los pensamientos para vislumbrar la realidad de la vida.




lunes, 18 de febrero de 2013

La vida como potencial

Lo que distingue y caracteriza a los sabios es que se ven a sí mismos diferentes. Es decir, la sabiduría no reside en hacer cosas distintas a los demás sino en la percepción que uno tiene de sí mismo. El modo en que nos vemos a nosotros mismos determina cómo vivimos la vida y las experiencias de la vida, determina lo que atraemos a nuestra vida y lo que hacemos imposible de alcanzar. La forma en que nos percibimos determina lo que pensamos de nosotros mismos y las formas de resolver problemas, dificultades, relaciones y demás. Determina nuestras reacciones emocionales, decisiones y los caminos que elegimos transitar en la vida.
      La cuestión de la imagen personal puede abordarse desde muchos diferentes niveles y la explicación varía según la etapa de evolución personal de que estemos hablando. No obstante, hay un principio básico fundamental. Las personas no somos entes hechos y terminados mas bien somos un proceso con un potencial inagotable.
      Es frecuente pensar que somos individuos definidos con una personalidad concreta. De hecho es la perspectiva de nuestra cultura. Nos dicen que a cierta edad, ya somos adultos, estamos formados y somos responsables de nuestros actos. A partir de ahí, la vida es adquirir y poseer. Todo lo que hacemos se añade al individuo que somos como un decorado. El miedo a la debilidad, la soledad y dejar de existir determinan nuestros deseos. Huyendo de estos tres miedos fundamentales, tratamos de envolvernos de poder, relaciones y seguridad. Todo esto lo llevamos a todas las facetas de nuestra vida, familiar, laboral, académica, social, etc.
      Unas veces tenemos éxito y otra no. La cuestión es que nos vemos como individuos definidos que han adquirido ciertas condiciones para hacer la vida más o menos favorable.  Desde esta perspectiva constantemente experimentamos pérdidas, fracasos y fallos en el mundo que nos hemos ido construyendo. Los miedos surgen una y otra vez, de modo que, según estemos condicionados, volvemos a sentirnos inseguros, débiles, solos, aislados o incapaces de abordar la vida.
      Así funcionamos la mayoría de nosotros; sin embargo, esta perspectiva tan rígida es falsa. No somos individuos terminados cuando llega una edad. Las personas estamos en constante cambio y transformación. Nada está definido, nadie es definitivo.
      Una perspectiva radicalmente diferente es vernos como seres vivos con un inmenso potencial por desarrollar. Podemos aprender, desarrollar habilidades, desplegar aptitudes, generar cualidades, despertar mayor lucidez, etc. De hecho este es el punto de vista en que se basa todo el camino interior. La llamada iluminación espiritual simboliza el máximo potencial que puede alcanzar cualquier ser.
      Podemos creer en esta visión pero esto no es suficiente. Lo importante es la percepción. Cuando uno se vislumbra a sí mismo como una energía cambiante con inmensas posibilidades latentes el sentido de la vida cambia.  Todo gira en torno al  propósito de estar más despierto, adquirir nuevas cualidades o desarrollar algún tipo de habilidad.
      Muchas personas llegan a cierta época de su vida en que no encuentran el sentido de nada. Quizás tenían algunos objetivos familiares o laborales, y no han podido alcanzarlos, o tal vez sí los han logrado, pero ahora les aborda una desilusión o una decepción con lo que tienen o lo que son. A menudo estas personas intentan encontrar nuevas ilusiones pero continuamente se les escapan de las manos, muchas veces sólo les queda apoyarse en una resignación serena.
      Cuando entendemos que la vida es desarrollar el potencial que somos, esto no sucede. Todas las situaciones, todas las épocas de la vida, sirven para evolucionar, crecer y aprender. En realidad se trata de estar en armonía con el cosmos. Desde hace catorce mil millones de años, el universo ha estado evolucionando. Desde las primeras explosiones, hasta la formación de las estrellas y la aparición de los primeros organismos unicelulares, el universo ha estado en crecimiento y aprendizaje. La vida, desde que se inició hace tres mil quinientos millones de años, hasta hoy en que los seres humanos representamos una combinación complejidad sorprendente, ha sido un proceso de aprendizaje a través de ensayo y error.
      Antes del inicio del universo, en esa vasta e inmensa nada, había un potencial. Estaba la posibilidad de que nosotros estuviéramos; allí, hace miles de millones de años, tú y yo existíamos como posibilidad. Una posibilidad que hoy se ha hecho real. Los seres humanos formamos parte del universo, no estamos separados, el universo no es nuestro. Pertenecemos al universo. Así pues, también somos un potencial a desarrollar, una conciencia que puede ser más consciente, una cualidades que pueden manifestarse, una lucidez más abierta, etc. Evolucionar y crecer es ponernos en sintonía con el universo. Es armonizarnos con la corriente de la vida.
      El sentido de cada momento de nuestra existencia es evolucionar y crecer, hacernos más sabios, más compasivos, más generosos, más pacientes, más serenos, más alegres, más amorosos, con más sentido del humor, más vivos, etc. Es preciso que nos detengamos de vez en cuando a analizar si estamos en sintonía con todo. Si estamos aprendiendo o hemos olvidado hacerlo, si creemos en el potencial que tenemos o nos hemos anquilosado en una visión rígida de nosotros mismos.
      Todo lo que nos sucede en la vida sirve para evolucionar, todo es una herramienta para crecer en sabiduría y compasión,  nada es baldío. Una enfermedad, la pérdida de un ser querido, el fracaso de una relación, una ofensa malintencionada, etc., todo son ocasiones para  desarrollar el potencial que reside en nosotros. Necesitamos aprender a extraer la esencia de la vida, necesitamos ponernos en armonía con el cosmos y dejarnos formar parte del inagotable proceso evolutivo en que estamos inmersos.    

domingo, 4 de noviembre de 2012

Meditación y Dolor Crónico (3ª parte)

Somos lo que pensamos, 
Todo lo que somos surge de nuestros pensamientos,
Con nuestros pensamientos hacemos el mundo
Dhammapada

Con frecuencia las personas con dolor crónico tienen un aspecto saludable que oculta la gravedad de su dolencia. Nada en su apariencia externa indica su agudo problema. Por ello es preciso tener mucho cuidado con lo que proyectamos e interpretamos. Decirle a una persona con fibromialgia o cansancio crónico que su enfermedad está en su mente puede ser una falta de consideración, injusta e innecesaria. Estas personas suelen padecer las miradas reprobatorias de los demás acusándoles de estar inventándose una enfermedad y somatizando cosas que no existen. A su vez, ellos mismos se sienten culpables y llegan a dudar de su malestar, pensando que tal vez inconscientemente se lo están provocando. 
Por ello hay que situar en su verdadero contexto la afirmación de que todo está en la mente. Cuando Buda explicaba que somos lo que pensamos, estaba hablando de toda la experiencia de la vida y de cómo a nivel último la realidad es una construcción de la mente. Ya mencionamos en entradas previas  algunas aportaciones de la meditación al tema del dolor desde una perspectiva relativa y convencional. Veamos ahora la perspectiva más radical y verdaderamente espiritual del dolor y la enfermedad.
Debemos empezar con una afirmación rotunda que conocen bien los meditadores avanzados: La intensidad del sufrimiento que experimentamos depende de la importancia que la mente le da. Es decir, todas las experiencias están condicionadas por nuestros pensamientos, recuerdos, conceptos, valoraciones, emociones, etc. Por consiguiente, la fuerza de la experiencia de dolor no está en ella misma sino en lo que la mente añade, en la incapacidad de la  mente de ver algo más. Aunque las experiencias de dolor aparentemente vienen de fuera y parece que tienen una realidad en sí mismas, una observación precisa y lúcida nos desvela que todo es una configuración de procesos mentales, impresiones y tendencias sin ninguna realidad interna.
Es preciso insistir en que este planteamiento nos encamina a conocer una verdad más profunda del dolor. La perspectiva relativa y convencional es bien conocida y aceptada por todos, mientras que esta visión última y absoluta sólo es accesible a quienes están comprometidos con la búsqueda interna. Desde el enfoque más profundo se descubre que cuando uno experimenta dolor hay algo más verdad que ese dolor. El dolor se comprende secundario e irrelevante. 
Esto es lo verdaderamente liberador. Esta es la paz interior que buscamos. Cuando estas sintiendo dolor, no es que el dolor desaparece sino que ves algo más real y verdadero. El dolor es una especie de decorado accesorio en el espacio abierto y lúcido que eres.

El yo y el dolor
Toda experiencia viene con la sensación de alguien que la vive. El dolor no se ve ahí separado sino como “mi experiencia”. Se vive como si hubiera una persona que siente el dolor. Ahora bien, ¿es esto verdad? ¿Hay un individuo que padece y sufre? 
La mirada lúcida enfocada en el yo revela que éste sólo es una apariencia sin ninguna solidez. Si cuando se siente dolor, se retira la atención del dolor mismo y se lleva a quien lo sufre, al sujeto, no se encuentra nada. La persona que siente dolor no está en ningún lugar, es tan sólo una imagen que la mente ha construido. Esto es, nadie siente el dolor, no es de nadie. El dolor sucede en el espacio sereno de la conciencia. Esto no es una interpretación sino lo que se percibe cuando se mira con lucidez. Con este planteamiento no estamos dando una explicación conveniente de las cosas. Al contrario se trata de observar con lucidez y claridad. Y esto es lo que se percibe. Es una percepción directa sin la intromisión de conceptos. Reconocer la naturaleza ilusoria del yo que padece el dolor es otro elemento fundamental en el  camino hacia la paz interior.  

La naturaleza primordial
Finalmente lo que necesitamos preguntarnos es ¿qué es realmente sentir dolor? Esta es la pregunta que nos lleva a trascender el dolor y situarlo en una perspectiva más amplia. Sin embargo, no se trata de dar la respuesta racional y lógica sino de indagar con profundidad en la experiencia. Aunque podamos responderla de muchas maneras, la pregunta en realidad es un ejercicio de contemplación activa que nos lleva a mirar el dolor con la máxima lucidez posible. Esto es, no buscamos las respuestas científicas o racionales sino la contemplación serena de la experiencia. 
La pregunta nos pide que indaguemos en la naturaleza del dolor. Nos dice dónde enfocarnos. Nos lleva a atravesar todas las capas de conceptos, imágenes e interpretaciones hasta encontrarnos con el dolor mismo. Solemos usar la mente para indagar en la realidad y eso nos da cierta seguridad y sensación de control. No obstante, esta pregunta nos obliga a abandonar la mente, el  mundo de nuestros conceptos e ideas, y quedarnos desnudos frente al dolor. 
La naturaleza de la experiencia es insondable. Nada puede decirse de ella, ningún concepto llega a describirla. Cuando miramos el dolor con claridad no se encuentra nada, sólo hay ausencia y espacio. La conciencia que observa se encuentra a sí misma. Todo es lucidez y vacío. En esa conciencia que desvela la realidad última se reconoce que el dolor es menos verdad que la conciencia misma y pierde su poder. La experiencia continúa y de algún modo sigue habiendo dolor, pero apenas tiene presencia ante la fuerza aplastante de lo que en último término es real.
Meditar en la realidad última no es demasiado difícil; sin embargo tiene dos requisitos indispensables. Es preciso que el meditador tenga un profundo anhelo por conocer la verdad y que haya llegado a estar desencantado de la vida en la que hay tanto sufrimiento. Poseer ninguna o sólo una de las condiciones deja  totalmente ineficaz esta meditación concreta.

Meditación
Encuentra un lugar donde te sientas tranquilo. Siéntate y deja que tu mente se relaje. Para ello tendrás primero que relajar el cuerpo y escuchar unos minutos la respiración. 
A continuación observa la experiencia que estas teniendo. Reconoce el dolor, pero también el resto de la experiencia. Ruidos, olores, formas, colores, sensaciones táctiles, pensamientos, emociones. También observa el yo como parte de la experiencia. Trata de tener en cuenta todo lo que sucede además de la sensación de dolor. Vívelo de una manera abierta, sin resistencias y permitiendo que todo sea como es. 
Puedes reconocer cómo la experiencia está cambiando continuamente, no tiene consistencia ni solidez. Deja que todo suceda y abandona el rechazo y el deseo de cualquier otra experiencia.
Ahora, con un poco más de atención reconoce que hay algo más que la experiencia. Además del dolor y el resto de la experiencia hay algo más que no se siente, que no es parte de la experiencia. Hay una presencia insondable y callada. Esta presencia no es algo extraño y sobrenatural sino al contrario muy simple y cotidiano. Es el simple ser consciente del resto de la experiencia. Esta conciencia que se da cuenta no forma parte de la experiencia pero está presente y pasa desapercibida.
Ahora, sin hacer nada y sin forzar, permite una mayor presencia de esta conciencia. Deja que suceda poco a poco. Mirando con serenidad y claridad, llega un momento en que se desvela que en realidad la presencia consciente es más verdad que el dolor y el resto de la experiencia. Se reconoce que siempre ha sido así y siempre lo será. La importancia del dolor resulta insignificante en presencia de la conciencia.

viernes, 25 de mayo de 2012

El valor de la paz interior


Con frecuencia las experiencias de sufrimiento están relacionadas con el modo en que valoramos la realidad. A veces, incluso, nuestra manera de solucionar las situaciones difíciles de la vida se convierte en el verdadero problema. Sabiendo esto, a la hora de enfrentarnos a las cosas es preciso que demos dar prioridad a nuestro equilibrio interior, es importante que eso sea nuestra meta principal...

martes, 10 de abril de 2012

La Respuesta de Sabiduría


Un sabio es alguien que no se asusta de los problemas, vive sin apegos ni aversiones y se adapta con suavidad y simplicidad a todo lo que le sucede. Parece que nunca hace nada y que está por encima de las cosas. 
 Con frecuencia nos preguntamos cómo lo consigue, e incluso puede que tengamos el deseo de llegar a ser de esa manera. Pero hay una gran paradoja, la clave está en no ser nadie...