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martes, 15 de diciembre de 2015

Conocer lo Primordial

Esta Naturaleza Primordial es la esencia de todo lo que existe, es lo que somos y lo que son todos los objetos con los que nos relacionamos. Es aquello de lo que todo está formado. No puede expresarse ni definirse. Cualquier concepto acerca de ella solo lleva a la confusión y nos conduce a distraernos de ella. No debería hablarse de ella pero evitar hacerlo es emplazarla en lo inexistente. De modo que no tenemos más remedio que expresarla a sabiendas de lo inoportuno de mencionarla.

jueves, 26 de febrero de 2015

Sobre la Indagación

Hace un par de meses, en la entrada Indagación, propuse la siguiente tarea:

Haz una meditación sobre la naturaleza primordial. 
Luego, desde la intuición toma una de las preguntas, y deja que se desarrolle la indagación. 
A lo largo del día trae el pregunta a tu mente constantemente y aplícala a lo que estés viviendo en ese momento. 
Haz este ejercicio durante tres días, con cada una de las indagaciones. 

Ahora me gustaría abrir un espacio en el COMPARTIR vuestra la experiencia.
Os invito a escribir en la sección de Comentarios y a leer lo que otros han escrito.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Indagación

Parece haber dos razones principales por las que las personas nos acercamos al camino espiritual. Una de ellas, son los momentos de apertura y lucidez. La otra, la más común, son las experiencias de sufrimiento. Para algunas personas la espiritualidad es algo muy normal y cotidiano, mientras que para otros...

lunes, 5 de mayo de 2014

Práctica del amor

La esencia de todo el trabajo espiritual es trascender la mente. Mientras nos mantenemos en el mundo de nuestros pensamientos, ideas, creencias, conceptos y demás, seguimos alejados de lo verdaderamente espiritual. 
  Suele resultar sumamente difícil ir más allá de la mente, especialmente cuando lo intentamos través de razonamientos y reflexiones. De un orden diferente es la práctica del amor. Mientras que la mente nos hace percibir a los demás de una manera particular, el amor nos lleva a descubrirles...

lunes, 3 de febrero de 2014

Introducción a la Naturaleza Primordial


Todas las prácticas espirituales son para llegar a la sabiduría de reconocer lo que verdaderamente somos, la naturaleza primordial de la existencia.
Ahora bien, cuando buscamos esta sabiduría, el enfoque es muy diferente de lo que estamos habituados. La sabiduría se despierta cuando aprendemos a parar, cuando dejamos de buscar experiencias espirituales y cuando dejamos de usar los pensamientos para vislumbrar la realidad de la vida.




lunes, 21 de mayo de 2012

Ilusión y Conciencia (primera parte)


Interdependencia
Todo lo que experimentas en este momento está interconectado. Parece que saboreas el café con leche de tu taza pero el sabor del café no existe separado de la temperatura de la habitación, los olores y aromas que te rodean, tu estado de ánimo, otras sensaciones corporales o las experiencias que tenías hace unos momentos. Parece y crees que estas saboreando el café, pero no es así. No hay un café separado. 
      Hay miles de fuerzas, elementos y condiciones que convergen en el sabor de tu taza de café.
      Nada existe independiente. Todo lo que crees está vacío de contenido. Dices que te gusta esta ropa que llevas. Pero esa prenda de la que hablas existe tan solo en tu mente. A esto se le llama vacuidad. la ropa real es el efecto aparente que producen decenas de elementos ahora. Las experiencias previas de otras prendas, las opiniones de los demás, la historia de la ropa en tu familia, en tu país, en tu cultura, la humedad del ambiente, la presión atmosférica, la estación del año, la temperatura, tu estado físico, tu salud y el peso de tu cuerpo, las expectativas y deseos, tu estado emocional, etc. La lista es interminable. 
     Una lista inmensa para recordarte que simplemente vives en la mente, porque ahí no hay nada.
    Sí, vivimos en conceptos e imágenes. Café con leche, manzana, libro, mesa, coche, etc., son conceptos.  Pero ningún concepto tiene contenido, ningún concepto se refiere a nada. Los conceptos son abstracciones ilusorias, que no indican nada. Son una forma de manejar el mundo y de funcionar en la vida. Son útiles, y prácticos. Pero nunca hay nada ahí. Cuando señalamos un libro, no hay nada ahí, cuando tocamos la silla, no hay nada ahí. Cuando probamos una pieza de fruta no hay nada ahí. Cuando montamos en el coche no hay nada ahí.
      Seguramente al escuchar esto, sientes como algo en ti lo rechaza. No lo puedes admitir puesto que tu experiencia es otra. No crees estar tan engañado. Siempre has vivido la vida muy real, ahí fuera, independiente y con una existencia real. Pero si lo piensas bien, si no te tomas este discurso como un dogma que tienes que creer o no creer, sino, al contrario, como una propuesta de investigación personal, puede que descubras otra cosa.
      Cualquier cosa que tienes o usas tiene una inmensa historia detrás que lo sostiene. Si, por ejemplo, miras tu teléfono móvil, miles de diseños y objetos previos han sido precisos para su existencia presente. Incluido, hace cientos de años, el primer deseo de algún individuo de que hubiera un modo más fácil de comunicarse en la distancia. Objetos similares, momentos de creatividad, noches de insomnio, conversaciones de sobremesa, encuentros, noticias, deseos, rechazos, manías, miedos, necesidades, etc. Durante cientos de años se fueron combinando multitud de factores para que hoy tengas en la mano tu teléfono.
      Un pastel que tomas. Miles de historias lo han creado. Incluidos otros alimentos, platos y preparaciones, comidas sabrosas y repulsivas, equivocaciones y aciertos de decenas de cocineros, descubrimientos de materias primas, harinas, edulcorantes, colorantes, especias…, un sinfín de elementos jugaron en el tiempo hasta que ocurrió la cosa llamada pastel que hoy saboreas. 
      Miras tu cuerpo, te sientes alguien debido al cuerpo, sientes cosas que otras personas no sienten, ves cosas que otros no ven, piensas ideas que otros no piensan. Eres alguien debido a la presencia del cuerpo. Pero si lo analizas bien, no vas a encontrar ningún cuerpo y, entonces, no vas a encontrarte en ningún sitio. 
      Es justamente reconocer la vacuidad del cuerpo lo que te va a llevar a descubrir que no eres.
      Este cuerpo concreto habría sido otro en otras circunstancias y condiciones. Este cuerpo no estaría aquí si durante cientos de años, decenas de personas no hubieran tenido relaciones, no se hubieran alimentado, no hubieran combatido el clima, el hambre, las agresiones, no hubieran luchado por sobrevivir, etc. De nuevo otra lista inmensa. El cuerpo sería otro si las personas que se encontraron hubieran sido otras, si las familias, los alimentos, las situaciones sociales, el clima, los avances de la medicina, etc. hubieran sido diferentes. Este cuerpo no existe por sí mismo si no como el resultado final de cientos de relaciones y encuentros. A su vez, este cuerpo es parte de los elementos que formarán la manifestación de cuerpos futuros.
   Además, el cuerpo está en continua interacción con el ambiente. ¿Dónde empieza y dónde termina? Cambios en el clima, la presión, la temperatura o la humedad, modifican el cuerpo. Si la temperatura sube por encima de los cien grados centígrados, el cuerpo se desintegra. En realidad lo que llamamos el cuerpo sólo es un conjunto de fuerzas en equilibrio. Cuando hablamos de células, hablamos de una organización de materia que incluye elementos fuera y dentro de la membrana. Cada célula se mantiene viva por su interacción con el medio. Realmente no existe tal cosa como células separadas. Hablar de células es una convención útil para entendernos, pero nada más.
      Visto así, ¿hay algo independiente, separado, único y real que sea el cuerpo?     

Realidad de segundo orden
Otro aspecto a considerar, mucho más obvio es la interpretación, valoración y significado que le damos a los fenómenos del mundo. No nos relacionamos con las personas y los objetos en sí sino con la idea que tenemos de ellos. Cuando compramos una camisa vemos la idea que tenemos de ella. No vemos la camisa en sí sino la imagen que hemos creado. Adquirimos la camisa por el significado que tiene para nosotros. 
      En los objetos que hemos ido acumulando en la vida, compras, regalos, obsequios, sólo vemos lo que representan para nosotros. 
      El objeto en sí nunca forma parte de nuestras vidas. A veces, después de unos años vemos un objeto de una manera nueva y fresca y nos sorprende que lo hayamos conservado tanto tiempo. Son momentos en que se cae la proyección y valoración que habíamos hecho.
      Todos nuestros problemas en las relaciones tienen que ver con la distancia entre la idea personal que tenemos y su realidad relativa. Estamos llenos de impresiones, tendencias y experiencias acumuladas. Cuando nos encontramos con otra persona, la vemos a través de  nuestro mundo aprendido. Miramos a los demás comparándolos con la información que hemos ido acumulando en la vida, con los valores que nos han enseñado de niños y con las experiencias previas. 
      Así, construimos una imagen del otro con los datos que tenemos en la mente.
      Es decir, al ver una persona, nos damos poco tiempo para averiguar quién es y en seguida  la coloreamos con lo que hemos aprendido. Proyectamos nuestros deseos, miedos y necesidades y al final, eso es lo único que vemos. Lo que hay detrás, la persona apenas la vemos. Por esto tenemos tantos desencuentros con los demás, por eso con frecuencia nos sentimos tan solos, por eso nunca nos sentimos seguros del todo.
      También, todos los conflictos emocionales, como las adicciones, la ira o los celos, tienen que ver con las proyecciones que atribuimos a los objetos y personas. Distorsionamos las cualidades y los defectos, de modo que a algunos aspectos les damos más valor del que merecen y a otros les restamos una importancia que tienen. 
       Cuando un objeto nos da placer o cubre una necesidad empezamos a sobrevalorarlo e interpretarlo como bueno y positivo. Pero no nos damos cuenta de la interpretación personal y empezamos a verlo real y objetivamente así. Luego, el objeto nos decepciona, deja de sernos útil o nos supone una carga, pero estamos enganchados a la imagen que tenemos del objeto y no podemos dejarlo ir. Así empezamos a experimentar insatisfacción, dolor o vacío.
      Lo mismo sucede cuando algo nos daña o nos amenaza. No vemos el objeto o la persona sino la imagen que inmediatamente construimos del objeto. Damos significados y emitimos  juicios que construyen una imagen del objeto y es con esta imagen con lo que nos relacionamos. Luego, aunque la vida cambie y las cosas sean de otra manera seguimos aferrados a la imagen que hemos construido del objeto o la persona y mantenemos una situación de conflicto, amenaza o inseguridad.
      Así es como funcionamos. Continuamente estamos decorando la realidad relativa con nuestros pensamientos, ideas, conceptos y expectativas. No vemos las cosas como son sino la distorsión que hacemos de las cosas. No es extraño, que tengamos tantas desilusiones, conflictos y decepciones en nuestra vida...

martes, 10 de abril de 2012

La Respuesta de Sabiduría


Un sabio es alguien que no se asusta de los problemas, vive sin apegos ni aversiones y se adapta con suavidad y simplicidad a todo lo que le sucede. Parece que nunca hace nada y que está por encima de las cosas. 
 Con frecuencia nos preguntamos cómo lo consigue, e incluso puede que tengamos el deseo de llegar a ser de esa manera. Pero hay una gran paradoja, la clave está en no ser nadie...

martes, 3 de abril de 2012

La Naturaleza Primordial


El propósito principal de la práctica de la meditación es hacer que se desvele nuestra naturaleza primordial, lo que realmente somos. Todo lo que buscamos está ya aquí y ahora, en este momento y en este mismo lugar; sólo necesitamos la lucidez para reconocerlo.
No obstante, la mayoría de las personas emprendemos el camino espiritual porque nos sentimos incompletos o defectuosos. Pensamos que hay algo malo en nosotros o que tenemos que mejorar y evolucionar. A partir de estas convicciones podemos emplear años recorriendo un camino espiritual y terapéutico con la expectativa de eliminar lo malo o llegar a ser mejores. Como consecuencia, parece que efectivamente mejoramos o evolucionamos; sin embargo, desde el punto de vista de nuestra naturaleza primordial no hemos hecho nada, sólo hemos estado jugando en un mundo de ideas y pensamientos. Desde el punto de vista último estamos tan lejos como antes de reconocer nuestra naturaleza primordial.  
 Nunca hubo nada malo en nosotros y nunca hubo nada que mejorar. Nuestra realidad final es inexpresable y completa, más allá de definiciones y limitaciones; anterior al tiempo y totalmente presente en cada instante. Aunque relativamente nos sintamos mejor, desde la perspectiva de la realidad absoluta nada ha cambiado, porque nada tenía que cambiar.
 Cuando nos imaginamos cómo será la realización espiritual, vemos diferentes cosas. Cada persona, en función de su carácter, imagina algo distinto. Hay quienes sienten que llegar a la meta espiritual es sentirse lleno de gozo y luz en todo momento, para otros es alcanzar un estado muy especial en el que ya no hay ningún defecto ni complejo, otros lo imaginan como llegar a ser valorado, admirado y reconocido por todos; algunos sienten que tendrán mucho poder y sabiduría de modo que podrán actuar sobre los demás; hay quienes se imaginan la perfección como la capacidad de ser justos y no cometer errores. 
 Sin embargo, despertar a la realidad que somos no tiene nada que ver con todo eso. Todas esas son las opiniones del ego. Muchas veces nos esforzamos por alcanzar eso a través de la meditación y las psicoterapias, pero no obtenemos resultados. Lo que somos transciende la ilusión en que vivimos. Modificar el sueño no cambia lo que sucede al despertar.
 El estado en el que estamos la mayoría de las personas corrientes suele definirse como un estado de ignorancia y ofuscación. En otras palabras, ignoramos nuestra esencia y estamos ciegos a la realidad. Esta ceguera crea un vacío que nos cuesta soportar y necesitamos llenarlo con algo. Así es como aparece el yo, el tú, los demás y el mundo. Proyectamos un mundo como consecuencia de no ver la realidad absoluta. Nos vemos defectuosos e incompletos como una forma de llenar el vacío de no ver lo que verdaderamente somos.
 La analogía más conocida que describe este proceso es la cuerda y la serpiente. Un hombre camina por un sendero en la oscuridad y ve algo alargado y enroscado. Inmediatamente reacciona y da un salto hacia atrás pues cree que es una serpiente. Luego, ilumina el lugar con una linterna y ve que sólo era una cuerda. El fracaso al ver la realidad de la cuerda hace que proyecte la imagen de una serpiente y reaccione con miedo. 
De la misma manera, nuestra falta de suficiente lucidez nos impide percibir la naturaleza primordial. Como consecuencia, el vacío que deja la ceguera lo llenamos con la proyección de ser un individuo con algún defecto o algo por mejorar. La proyección es falsa (como lo es la serpiente), es una invención de la mente. Sólo cuando tenemos más lucidez y sabiduría podremos ver que ese individuo no existe (como cuando al iluminar el lugar la serpiente no está). Al despertar la sabiduría no hemos destruido al individuo porque éste nunca estaba, sólo hemos desvelado lo que siempre ha sido cierto.
 Así pues, más que mejorar, lo que buscamos es una mayor calidad de conciencia para poner luz a lo que somos y a lo que nos rodea. Lo que ofusca la percepción es el exceso de atención a las experiencias sensoriales. Estamos saturados de sensaciones, olores, sabores, experiencias táctiles, sonidos, formas y colores. Algunos placenteros y otros dolorosos, algunos agradables y otros desagradables o neutros. 
  Esto no quiere decir que sea mala o negativa la experiencia sensorial ni quiere decir que para ser verdaderamente espiritual  uno tenga que lograr una especie de insensibilidad de los sentidos. Lo que significa es que el interés exclusivo a lo que los sentidos nos hacen experimentar nos condiciona y nos impide una mayor lucidez para vislumbrar la realidad primordial. 
  Las conciencias sensoriales nos provocan inevitablemente reacciones de deseo y aversión. Luego, estos dos sentimientos controlan nuestro comportamiento y pensamientos y entramos en una cadena de sucesos que nos arrastra más allá de lo que verdaderamente importa. Cuanto más nos implicamos en los sentidos, más nos vemos envueltos en cadenas de deseo, rechazo y miedo, y más atrapados estamos en la ofuscación. Finalmente, acabamos olvidando que hay una realidad por desvelar. Perdidos en el mundo de las apariencias no recordamos el camino hacia la naturaleza primordial.
  El método más empleado y efectivo para llegar a desvelar nuestra esencia es la contemplación de la mente. Mediante la meditación en la naturaleza esencial de la mente podemos empezar a reconocer las proyecciones como lo que son. De este modo, cuando los pensamientos y emociones son reconocidos puede emerger el conocimiento de lo que esencialmente somos.
 La práctica consiste en dejar la mente en su estado natural y observar lo que sucede. Debemos meditar sin buscar un estado mental en particular y sin rechazar nada de lo que aparezca. Todo lo que la mente traiga es observado con desapego y lucidez, dejando que desaparezca en cuanto venga. Tampoco buscamos dejar la mente en blanco ni algún tipo de pensamiento espiritual. Todos los pensamientos, ideas, imágenes y sentimientos que aparezcan los observamos con imparcialidad y apertura, sin darles importancia ni tenerles miedo. 
 Meditamos sin expectativas de que ocurra algo especial y sin temor a fracasar. Lo más importante es ser capaz de observar los pensamientos que surjan sin que nos arrastren ni alejen del momento presente. Incluso la monotonía, el aburrimiento o la pereza que aparecen en esta forma de meditar deben ser contemplados como algo que la mente trae.
 En esta contemplación, gradualmente empezamos a vislumbrar algo más, comenzamos a intuir la energía que subyace a los pensamientos, la esencia de donde emergen. Los pensamientos pueden aparecer o no, pero percibimos su naturaleza originaria y su destino al desaparecer. Vemos su claridad y lucidez. Apreciamos su naturaleza de intangibilidad y cognición.
 Lo que se intenta desvelar es la naturaleza de los contenidos mentales. Podríamos decir que existen tres grados en la meditación. Cuando observamos la mente, en la superficie encontramos movimiento y cambio, pensamientos, ideas, imágenes… Luego, tras una contemplación serena y lúcida descubrimos la naturaleza de la mente, vemos que todos esos contenidos son cognición y vacío. Todo lo que la mente produce, emerge, sucede y se desvanece en la naturaleza intangible y lúcida. Finalmente, cuando alcanzamos un grado mayor de lucidez, se desvela la esencia de la naturaleza de la mente, la fuente inconcebible de donde emergen todos los fenómenos. 
 Mediante este proceso comienza a emerger la auténtica sabiduría, la claridad mental que reconoce la naturaleza primordial de todos los seres. Alcanzamos el objetivo de la meditación y nos hacemos invulnerables al sufrimiento. Encontrar lo que somos es la verdadera paz. 

lunes, 27 de febrero de 2012

Meditación: Plenitud y Sentido

La esencia del camino espiritual es desvelar la realidad primordial. Sin embargo, durante millones de años esto no era posible en nuestro mundo. Mucho antes de que se formara el universo - hace unos quince mil millones de años –todo era un inmenso vacío. Luego, empezó a fraguarse la materia; pero fueron necesarios cerca de once mil años para que empezara la vida en nuestro planeta. Al principio solo había organismos unicelulares con una mínima capacidad de conciencia, y se necesitaron de nuevo miles de años para que emergiera la posibilidad de un elevado nivel de conciencia. Sólo hace cien mil años se crearon las condiciones para el homo sapiens, nuestra especie con una capacidad de indagar en la realidad absoluta y desvelarla. Hemos nacido en esta época en que la trascendencia espiritual es posible. De haber nacido hace tres mil millones de años, la única posibilidad era ser una especie de bacteria o algo similar. Hemos nacido en la especie que es capaz de conocer a Dios (o la conciencia, el espíritu o como le queramos llamar) y este privilegio nos obliga a hacer de nuestra vida un espacio sagrado. 
 No obstante, la vida puede ser muy injusta. Con frecuencia falla algo; por mucho que nos esforcemos, nos topamos con momentos de dolor, incertidumbre, insatisfacción, frustración y vacío. Llenamos el tiempo intentando hacerla perfecta, queremos tener control sobre lo que nos sucede, queremos una seguridad absoluta, tanto material como en nuestra salud y en las relaciones; queremos sentirnos plenos y satisfechos pero nunca lo conseguimos. La razón fundamental es que la vida no es perfecta. Tarde o temprano enfermamos, perdemos a nuestros seres queridos y se deterioran las facultades en el camino hacia la muerte segura. Cuando Buda enseñó lo que se denominan las Cuatro Verdades Nobles, lo primero que manifestó es que el sufrimiento es una de las verdades de la vida. Lo puedes aceptar o no pero la vida nunca es perfecta. 
 Sin embargo, el sufrimiento de la vida es una verdad a medias. Esto es así, porque en dicha afirmación la vida se refiere tan solo al cuerpo y la mente. Si la vida es sólo esto, no hay escapatoria al sufrimiento. Pero la revelación de muchos maestros es que somos más que un cuerpo y mente. Somos el sustrato esencial e inefable que hace posible ese cuerpo y mente. Nuestro ser real está más allá del organismo y por tanto, del sufrimiento. Dicho de otro modo, hay algo en nosotros que no sufre. Aunque podamos padecer las penurias del cuerpo y los trastornos de la mente, nuestro ser real descansa en una serenidad sin límites.

Meditación
Desde esta perspectiva, podemos distinguir dos objetivos cuando hacemos meditación. Por una parte, a nivel relativo, intentamos conseguir que los momentos difíciles de la vida sean más fáciles de manejar. Por otra, buscamos desvelar nuestro ser real, y reconocer la paz que somos. 

Meditación relativa  
En el primer caso, la meditación nos ayuda a modificar las emociones destructivas y fortalece los estados mentales positivos. Cuando nos enfadamos menos, sentimos más compasión, somos menos dependientes de los demás, vivimos con más amor o somos capaces de crear armonía en nuestro entorno, los momentos difíciles de la vida son menos frecuentes e incluso mucho más manejables. Para ello contemplamos la vida con ecuanimidad, reconocemos la conexión con los demás, soltamos los resentimientos y aprendemos a perdonarnos a nosotros mismos.
 Por otra parte, meditar también nos sirve para hacernos conscientes de cómo funcionan las cosas. Aprendemos a ver que la impermanencia y el cambio son parte de la existencia; y también, descubrimos que no hay absolutos, todo es relativo y condicionado. Con la práctica constante vamos desarrollando una percepción serena y clara de cómo van sucediendo los acontecimientos. Desde un lugar de quietud, más allá de lo efímero, podemos reconocer el desfilar de los acontecimientos como algo natural. Esto nos libera de una gran carga y nos despierta mucha paz interior. 
 Cuando empezamos a apreciar que todo es relativo, la mente se abre y se suelta. Las cosas ya no son tan relevantes, se pueden mirar desde diversos puntos de vista, y tienen múltiples lecturas y significados. Esto, que al principio puede resultar desconcertante, en realidad es una fuente de libertad, espontaneidad y creatividad. Los problemas y dificultades dejan de ser una losa insoluble para adoptar otros posibles significados como por ejemplo, oportunidades de aprendizaje o formas de restaurar el equilibrio natural de las cosas. 
 También, en este mismo sentido, la meditación nos ayuda a controlar los pensamientos negativos y a centrar la mente. Gracias a la fuerza mental que adquirimos podemos manejar la atención y enfocarla en lo que nos favorece y potencia. De modo que aunque nos sucedan cosas negativas, podemos centrarnos a lo que más nos ayuda a salir de los problemas y recuperar la felicidad. 
 Un beneficio fundamental dentro de los efectos de la meditación en el plano relativo, es suavizar la auto-imagen. Está ampliamente comprobado que las personas que tienen una imagen muy rígida de sí mismas, sufren más y con mayor intensidad, mientras que quienes tienen una visión más flexible son más felices. Una imagen no es más que una representación de la realidad, pero uno de los grandes problemas de los seres humanos es confundir lo que sólo es imagen de sí mismos con la realidad. Si además esta imagen se percibe de un modo absoluto e inamovible el sufrimiento está servido. Con la meditación empezamos flexibilizar esta imagen de nosotros mismos e incluso a reconocer que sólo es una representación simbólica de lo que somos en realidad. Con ello también nos liberamos de una gran carga que nos condiciona y oprime. 

Meditación profunda 
El segundo aspecto que nos lleva a meditar es conocer lo que somos más allá del sufrimiento. No sólo se trata de sufrir menos sino de trascender el dolor. Por consiguiente, meditamos para descubrir la esencia primordial de nuestro ser. El resultado es que en presencia de nuestra verdadera realidad cualquier tipo de infelicidad mundana resulta nimia e irrelevante.
 Sin embargo, para obtener los logros de esta meditación profunda es imprescindible sentir un verdadero anhelo por la verdad. En esta práctica no sirven las actitudes suaves de esperanza y optimismo, la pasión por la verdad es indispensable. Además, son precisas algunas condiciones internas para propiciar esta realización. Entre ellas, están el desencanto, la disciplina, la fe en la enseñanza de los maestros y la indagación que nos lleva más allá de las apariencias. 
 Es decir, la promesa de la liberación del sufrimiento, requiere un cierto desencanto con los placeres sensoriales y psicológicos de la vida. No significa esto que uno deja de disfrutar y reír sino que dejamos de creer en ello, dejamos de buscar la seguridad y felicidad en los sentidos. Además, es preciso creer que somos algo más que un organismo, necesitamos tener fe en lo que los maestros han realizado, necesitamos creer en que la naturaleza primordial es más real que nosotros mismos.
 La disciplina se refiere a vivir con contentamiento y simplicidad. Es decir, aceptando el sufrimiento como parte de la vida y disfrutando de los momentos de felicidad sin enganches ni apegos. También se refiere a desarrollar fuerza mental y firmeza en la atención. Por último, la indagación es la condición que nos lleva a investigar en lo que percibimos y en lo que pensamos que somos, y nos conduce a realizar que todo es un sueño de la mente. En palabras de los maestros, todo lo que experimentamos y lo nos rodea es una mota de polvo flotando en la inmensidad de la conciencia que somos.
 Juan Manzanera Escuela de Meditación