lunes, 27 de febrero de 2012

Terapia de la Compasión

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Una persona con compasión sana los demás
 simplemente por existir.
Ven. Lama Zopa Rinpoché


La palabra compasión suele indicar un sentimiento de lástima por los que sufren. Pero aquí vamos a hablar de la compasión en el sentido budista que significa mucho más que sentir pena. Compasión es conexión, empatía y servicio. Es vincularse con los demás y con uno mismo para sentir empatía y reconocer lo que sienten; todo ello con el fin de realizar el servicio de terminar con la infelicidad... 

Meditación: Plenitud y Sentido

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La esencia del camino espiritual es desvelar la realidad primordial. Sin embargo, durante millones de años esto no era posible en nuestro mundo. Mucho antes de que se formara el universo - hace unos quince mil millones de años –todo era un inmenso vacío. Luego, empezó a fraguarse la materia; pero fueron necesarios cerca de once mil años para que empezara la vida en nuestro planeta. Al principio solo había organismos unicelulares con una mínima capacidad de conciencia, y se necesitaron de nuevo miles de años para que emergiera la posibilidad de un elevado nivel de conciencia. Sólo hace cien mil años se crearon las condiciones para el homo sapiens, nuestra especie con una capacidad de indagar en la realidad absoluta y desvelarla. Hemos nacido en esta época en que la trascendencia espiritual es posible. De haber nacido hace tres mil millones de años, la única posibilidad era ser una especie de bacteria o algo similar. Hemos nacido en la especie que es capaz de conocer a Dios (o la conciencia, el espíritu o como le queramos llamar) y este privilegio nos obliga a hacer de nuestra vida un espacio sagrado. 
 No obstante, la vida puede ser muy injusta. Con frecuencia falla algo; por mucho que nos esforcemos, nos topamos con momentos de dolor, incertidumbre, insatisfacción, frustración y vacío. Llenamos el tiempo intentando hacerla perfecta, queremos tener control sobre lo que nos sucede, queremos una seguridad absoluta, tanto material como en nuestra salud y en las relaciones; queremos sentirnos plenos y satisfechos pero nunca lo conseguimos. La razón fundamental es que la vida no es perfecta. Tarde o temprano enfermamos, perdemos a nuestros seres queridos y se deterioran las facultades en el camino hacia la muerte segura. Cuando Buda enseñó lo que se denominan las Cuatro Verdades Nobles, lo primero que manifestó es que el sufrimiento es una de las verdades de la vida. Lo puedes aceptar o no pero la vida nunca es perfecta. 
 Sin embargo, el sufrimiento de la vida es una verdad a medias. Esto es así, porque en dicha afirmación la vida se refiere tan solo al cuerpo y la mente. Si la vida es sólo esto, no hay escapatoria al sufrimiento. Pero la revelación de muchos maestros es que somos más que un cuerpo y mente. Somos el sustrato esencial e inefable que hace posible ese cuerpo y mente. Nuestro ser real está más allá del organismo y por tanto, del sufrimiento. Dicho de otro modo, hay algo en nosotros que no sufre. Aunque podamos padecer las penurias del cuerpo y los trastornos de la mente, nuestro ser real descansa en una serenidad sin límites.

Meditación
Desde esta perspectiva, podemos distinguir dos objetivos cuando hacemos meditación. Por una parte, a nivel relativo, intentamos conseguir que los momentos difíciles de la vida sean más fáciles de manejar. Por otra, buscamos desvelar nuestro ser real, y reconocer la paz que somos. 

Meditación relativa  
En el primer caso, la meditación nos ayuda a modificar las emociones destructivas y fortalece los estados mentales positivos. Cuando nos enfadamos menos, sentimos más compasión, somos menos dependientes de los demás, vivimos con más amor o somos capaces de crear armonía en nuestro entorno, los momentos difíciles de la vida son menos frecuentes e incluso mucho más manejables. Para ello contemplamos la vida con ecuanimidad, reconocemos la conexión con los demás, soltamos los resentimientos y aprendemos a perdonarnos a nosotros mismos.
 Por otra parte, meditar también nos sirve para hacernos conscientes de cómo funcionan las cosas. Aprendemos a ver que la impermanencia y el cambio son parte de la existencia; y también, descubrimos que no hay absolutos, todo es relativo y condicionado. Con la práctica constante vamos desarrollando una percepción serena y clara de cómo van sucediendo los acontecimientos. Desde un lugar de quietud, más allá de lo efímero, podemos reconocer el desfilar de los acontecimientos como algo natural. Esto nos libera de una gran carga y nos despierta mucha paz interior. 
 Cuando empezamos a apreciar que todo es relativo, la mente se abre y se suelta. Las cosas ya no son tan relevantes, se pueden mirar desde diversos puntos de vista, y tienen múltiples lecturas y significados. Esto, que al principio puede resultar desconcertante, en realidad es una fuente de libertad, espontaneidad y creatividad. Los problemas y dificultades dejan de ser una losa insoluble para adoptar otros posibles significados como por ejemplo, oportunidades de aprendizaje o formas de restaurar el equilibrio natural de las cosas. 
 También, en este mismo sentido, la meditación nos ayuda a controlar los pensamientos negativos y a centrar la mente. Gracias a la fuerza mental que adquirimos podemos manejar la atención y enfocarla en lo que nos favorece y potencia. De modo que aunque nos sucedan cosas negativas, podemos centrarnos a lo que más nos ayuda a salir de los problemas y recuperar la felicidad. 
 Un beneficio fundamental dentro de los efectos de la meditación en el plano relativo, es suavizar la auto-imagen. Está ampliamente comprobado que las personas que tienen una imagen muy rígida de sí mismas, sufren más y con mayor intensidad, mientras que quienes tienen una visión más flexible son más felices. Una imagen no es más que una representación de la realidad, pero uno de los grandes problemas de los seres humanos es confundir lo que sólo es imagen de sí mismos con la realidad. Si además esta imagen se percibe de un modo absoluto e inamovible el sufrimiento está servido. Con la meditación empezamos flexibilizar esta imagen de nosotros mismos e incluso a reconocer que sólo es una representación simbólica de lo que somos en realidad. Con ello también nos liberamos de una gran carga que nos condiciona y oprime. 

Meditación profunda 
El segundo aspecto que nos lleva a meditar es conocer lo que somos más allá del sufrimiento. No sólo se trata de sufrir menos sino de trascender el dolor. Por consiguiente, meditamos para descubrir la esencia primordial de nuestro ser. El resultado es que en presencia de nuestra verdadera realidad cualquier tipo de infelicidad mundana resulta nimia e irrelevante.
 Sin embargo, para obtener los logros de esta meditación profunda es imprescindible sentir un verdadero anhelo por la verdad. En esta práctica no sirven las actitudes suaves de esperanza y optimismo, la pasión por la verdad es indispensable. Además, son precisas algunas condiciones internas para propiciar esta realización. Entre ellas, están el desencanto, la disciplina, la fe en la enseñanza de los maestros y la indagación que nos lleva más allá de las apariencias. 
 Es decir, la promesa de la liberación del sufrimiento, requiere un cierto desencanto con los placeres sensoriales y psicológicos de la vida. No significa esto que uno deja de disfrutar y reír sino que dejamos de creer en ello, dejamos de buscar la seguridad y felicidad en los sentidos. Además, es preciso creer que somos algo más que un organismo, necesitamos tener fe en lo que los maestros han realizado, necesitamos creer en que la naturaleza primordial es más real que nosotros mismos.
 La disciplina se refiere a vivir con contentamiento y simplicidad. Es decir, aceptando el sufrimiento como parte de la vida y disfrutando de los momentos de felicidad sin enganches ni apegos. También se refiere a desarrollar fuerza mental y firmeza en la atención. Por último, la indagación es la condición que nos lleva a investigar en lo que percibimos y en lo que pensamos que somos, y nos conduce a realizar que todo es un sueño de la mente. En palabras de los maestros, todo lo que experimentamos y lo nos rodea es una mota de polvo flotando en la inmensidad de la conciencia que somos.
 Juan Manzanera Escuela de Meditación